El drama de quienes han tenido que renunciar

Para miles de uniformados del país, sobre todo para quienes forman parte de Carabineros de Chile, sus vidas cambiaron el 18 de octubre de 2019. Suena obvio. Para todos los chilenos el llamado Estallido Social significó un cambio de paradigma respecto de lo que el país estaba viviendo; en lo que las “calles” estaban clamando; en cómo las autoridades estaban actuando.

Pero una mirada más interna a cómo este proceso afectó a uniformados -chilenos y chilenas- con familias, padres e hijos, de manera personal y directa, da luces de que cómo en todo hay siempre dos caras de la moneda. Para el Capitán de Carabineros A.T.J. (quien prefiere mantener su anonimato por temor a la exposición pública y funas que ya ha enfrentado), el 18 de octubre cambió completamente su vida. Con una carrera en ascenso dentro de la institución, el teniente A.T.J ha llevado una vida funcionaria intachable, cuya pasión por vestir el uniforme de Carabineros fue siempre una máxima infaltable en su vida. Todo eso cambiaría para siempre.

Lo que en un comienzo parecían desórdenes aislados, se transformaron en una de las revueltas sociales más importantes de las que tenga memoria Chile, generando una inestabilidad que llegó para quedarse, y cuyos resultados aún afectan de manera profunda la tranquilidad del país. Para el capitán A.T.J ese día fue sin duda crucial en su vida, puesto que de alguna forma sintió que algo había cambiado para siempre. Ese cambio hoy lo tiene alejado de la institución por iniciativa propia.

El oficial fue responsable de innumerables tareas de control de orden público durante los meses que duraron los desórdenes en Plaza Italia, y como a gran parte de sus compañeros de trabajo, le tocó ser objeto de acusaciones infundadas de supuestas víctimas de ataques de Carabineros: “Era triste ver como muchos casos que mostraban por televisión eran absolutamente falsos todo se politizó en tal medida que se transformó en una verdadera casa de brujas para los que formamos parte de Carabineros”, señala. Para el oficial se debe hacer una clara distinción entre los pocos casos en los que sí hubo mal actuar de Carabineros, y los que se han transformado en casos flagrantes de persecución política. “sabemos que se cometieron algunos errores, eso es innegable, nadie estaba preparado para contener ese nivel de violencia.  Pero cuando se trata de meter a toda la institución  en el mismo saco resulta indignante y profundamente injusto”, relata.

“Mientras esta polarización no pase, no se podrá seguir siendo carabinero en Chile”

Una de las detenciones que tuvo que hacer en medio de ataques a edificios públicos en el centro de Santiago se transformaría en el inicio del final de su vida funcionaria. A casi un año de ocurrido el incidente, el oficial aún debe pasar por largos interrogatorios por haber arrestado a un manifestante cometiendo un delito flagrante y documentado: lanzando una molotov.  El oficial ha sido citado a declarar varias veces: “paco asesino, infiltrado, hay que asesinarlo” es el tono promedio de las amenazas que recibe cada vez que presta declaración.

“Resulta increíble que uno por tratar de ayudar a la justicia te expongan de esa forma. Todo es inaudito, somos personas con los mismo derechos que  todos los chilenos. Nos tratan mal porque nos han estigmatizado con una imagen errónea de lo que somos y de lo que queremos: servir a la sociedad y al país”, puntualiza. “Yo lo único que hice fue cumplir con mi deber. Mi trabajo, proteger a la población de personas que de manera fehaciente estaban destruyendo la ciudad y poniendo en riesgo a la población. No entiendo nada de lo que pasó”, finaliza.

“Todos sabemos que se cometieron algunos errores, eso es innegable, no estábamos preparado para ese nivel de violencia. Pero cuando se trata de meter todo al mismo saco resulta indignante y profundamente injusto”

Toda esta experiencia ha dejado en claro a A.T.J. que hoy no están las condiciones en Chile para ser carabinero. “Con gran dolor tuve que renunciar. No puedo exponerme así, a ser un juguete de políticos que no se ocupan de los problemas, sino que solo ayudan a polarizar el ambiente con sus declaraciones. Vivo con mi familia, somos personas comunes y corrientes, no tengo agendas políticas, sólo quiero estar en paz. Veo que los fiscales están totalmente politizados,  buscando hacer el punto comunicacionalmente. Tomé la decisión de presentar mi renuncia indeclinable a la institución”, confirma.

En su relato, A.T.J. señala que ya no da más. Que lo que ve hoy en tribunales y los ataques organizados de sectores políticos contra la institución no dan garantías de nada para seguir siendo carabinero. El capitán es enfático en señalar que ama a la institución con todo su corazón, pero que hoy no están las condiciones para servir a la sociedad. “Veo a compañeros linchados injusta y públicamente, eso provoca gran dolor. Por ser carabinero, si hoy te mandan a las calles tienes tres caminos: terminas preso y funado; herido o muerto. Así, ¿quién querría seguir trabajando?”, se pregunta.

“Resulta increíble que uno por tratar de ayudar a la justicia te expongan de esa forma. Todo es inaudito, somos personas con los mismo derechos que todos los chilenos. Nos tratan mal porque nos han estigmatizado

El caso del capitán es uno de cientos. Al cumplirse un año del estallido social, se puede ver una clara ofensiva comunicacional de parte de partidos políticos y fiscales que siguen agendas propias presionando en múltiples causas  El aniversario del estallido social ha revitalizado las causas básicamente porque los medios estarán con foco en esos casos, lo que comprueba lo sesgado y politizado que están los fiscales y la justicia en general. “Mientras esta polarización no pase, no se podrá seguir siendo Carabinero en Chile. Es triste, más que por mi renuncia, porque siempre creí que éramos una institución querida por la gente. Algo cambió de un día para otro, y aún no logro asimilar todo lo que ha pasado. Da pena, pero ya no hay nada que hacer”, finaliza A.T.J. con profunda pena.

Equipo La Anomia.